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ENLAGA en Poemas del Alma

Presentado por Poemas del Alma

jueves, 27 de febrero de 2014

SALAS GALIARDAS 3

Sierra de Baños
Su historia me impresionaba cada vez más ¿como era posible que aquel ser inhóspito supiera tanto? tenía una cultura exquisita sabia más que ningún Bañusco sobre la historia de los penitentes mudos, él era uno, el último, conocía  nuestra sierra, el Navalmorquin como la palma de su mano, alguien escribió sobre los penitentes mudos, pero no se imaginaba nadie que aún  quedaba uno en nuestra sierra, en las Salas Galiardas, su Monasterio.
_ No te voy hacer nada, dijo, tranquila.
_Se que el fin mis días está próximo, quiero que sepas nuestra historia, la verdadera historia.
Diciendo esto extendió un pergamino sabre la mesa, era un plano, yo no entendía  mucho de estas cosas.
Comenzó diciendo.
_Esta es la sierra de Baños su interior, te voy a explicar punto por punto todo.
_Comencemos por esta sala, sí, las Salas Galiardas, donde están enterrados nuestros antepasados.
Recordé que mi abuela Juana Dolores (Juanica la bellota) me contaba que en ella se guarecían los días de lluvia con sus hermanos cuando eran pequeños, entonces vivían en un chozo con su padre, su madre había muerto muy joven, con tan solo treinta y cuatro años y ella y sus cuatro hermanos Juan, Baltasar, Patrocinio y Manuel, se fueron con su padre a la sierra, ese era uno  de los sitios de juegos cuando el chozo de inundaba de agua  por los temporales de lluvia y en las siestas calurosas estivales dormían sobre las losas de las tumbas fresquitos, sin saber que justo al otro lado de la pared alguien los vigilaban por unas rendijas de las piedras.
_Estas galerías las excavaron los árabes.
Dijo señalando con el dedo en el pergamino.
_Nuestros antepasados trabajaron mucho poniendo puntales en los sitios hundidos, èstas galerías y cuevas ya estaban hechas, puede que por los árabes o quizás por otros antepasados, pero la que mejor se encuentra es èsta, tiene salida en la cuesta "La Muela"  la gente tenía pavor cuando llegaban a este punto.
Si, pensé,algo raro había  en esa parte de la carretera que comunica Bailén con Baños, decían que ocurrían cosas extrañas, como que aparecía una liebre blanca que se ponía delante de ti y no te dejaba pasar, o que aparecían personas extrañas a ambos lados de la carretera vestidos de monjes, los que los veían si iban en moto a trabajar a las cinco de la madrugada a los tejares de Bailén, salían a toda marcha y por miedo a que les llamaran locos no decían nada, recuerdo que un amigo de marido estuvo varios días enfermo, algo le pasó y nunca dijo què,  las mujeres que se dedicaban al estraperlo nunca iban solas siempre solían ir dos o tres.
_ Esta otra galería llega hasta el castillo. Continuó diciendo, sacándome de mis pensamientos,  mientra me iba señalando.
_Pero está hundida, al hacer el pantano se quedó sepultada bajo las aguas.
_Y esta otra llega hasta el Santuario de la Virgen de la Cabeza.
Por ella nos comunicábamos con otra comunidad hermana, ya desaparecida, ésta no se como estará, es muy larga, si bien tiene salidas en varios puntos de la sierra, mucha gente conocen cuevas  en la sierra, lo que no saben es que esas cuevas  son entradas a las galerías que se comunican con el Monasterio de Las Salas Galiardas y el de la Virgen de la Cabeza. Recordé que Miguelico "El perdíz" Bailenero huido  en la guerra civil, estuvo escondido en una cueva cerca de la huerta del gato la entrada estaba tan escondida que no la encontrabas tan fácil aún sabiendo en la parte que se encontraba.
Yo cada vez estaba más sorprendida de su relato y a la vez me preguntaba como sería el fin de esta historia.
_Es hora de la oración. Dijo guardando el pergamino.
_Se arrodilló y empezó a orar en un extraño lenguaje, me mirè el reloj y éste señalaba las doce en punto, más él no tenía en su muñeca uno, miré alrededor y tampoco vi ninguno sobre las paredes, luego me dí cuenta que entraba un rallo de luz por un hueco de unas piedras, pensé que ese sería un reloj de tiempo y que al traspasar la luz se regían por él.
Cuando acabó se santiguó y continuó diciendo.
_Son nuestras costumbres, no puedo renunciara a ellas.
_Una pregunta ¿ como sabe que era las doce?
_Buena pregunta y mejor respuesta, mira esa pared, se acercó con un carburo y vi que había  en el suelo un reloj y como una rallita marcaba las doce.
_Es nuestro reloj. dijo señalando sobre el techo de la cueva
_Lo hicieron nuestros antepasados y por él nos regimos, tenemos  unos horarios que seguimos al pie de la letra.
¿ Seguimos? si solo quedaba él a no ser que me hubiera mentido.
_Perdona no me doy cuenta que solo quedo yo, no se me va la costumbre de hablar en plural.
Siguió explicando cosas de su vida, cuando de pronto dijo.
_Es hora de comer.
Se fue hasta un sitio de la cueva y encendió fuego con dos piedras, puso un recipiente de piedra sobre él.
_Espero que le guste, es un caldo de liebre, muy nutritivo.
Liebre ...A mi que no me gustaba la carne de caza, pero el estómago me hacía ruido como reclamando comida, no sabía el tiempo que llevaba allí, había perdido la noción de las horas o día  que estaba en esta cueva y por lo tanto mi estómago reclamaba .
Tomé el caldo con un asco terrible, lo tragué rápido y mi cuerpo lo agradeció.