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ENLAGA en Poemas del Alma

Presentado por Poemas del Alma

sábado, 8 de marzo de 2014

SALAS GALIARDAS 4

PANTANO Y SIERRA DE BAÑOS, AL FONDO EL CERRO DE NAVALMORQUÍN


Estaba cansada y con el estómago lleno me entró sueño y me dormí...
No se cuánto tiempo estuve dormida, a través de mis parpados entraba luz de día, los abrí y vi que estaba recostada debajo de un árbol, me restregué los ojos, pensando si todo había sido un sueño, pero  al incorporarme vi un saco de esparto a mi lado...
Empecé a hurgar dentro de él y para mi sorpresa vi unos manuscritos, los mismos que me enseñó el penitente mudo, un cáliz, y varias cosas más que reconocí, el corazón me dio un vuelco 

¿Donde estaba él?
 ¿ Como había llegado hasta allí ? 
No reconocía en que parte de la sierra me encontraba y
 ¿Como era que no me había despertado mientra él me trasladaba? 
Mi último recuerdo era que estaba en la cueva junto a él tenía hambre y preparó un caldo, que tengo que reconocer me supo bueno, puede que sin darme cuenta pusiera algún brebaje, ya sé, vi que tenía dormideras (fruto del madroño) me dijo que las tomaba para poder dormir ya que los dolores de sus viejos huesos, de noche no le dejaban descansar.
Seguí mirando aquél macuto,  me encontré una carta en un extraño papel, tipo pergamino, con avidez empecé a leerla.

Querida amiga, no es la mejor forma de despedirnos, estos tres días han sido muy reconfortables  para mí, he podido hablar con alguien, desde que me quedé solo echaba de menos conversar, es cierto que hablaba conmigo mismo confieso que en parte  algo de locura se está apoderando de mi mente, mientras dormías empezaste a delirar, hablabas de tus hijos, tu nieta, al nombrarla sonreías, tu marido, tus padres, tu hermana, te despedías de ellos.
No tengo derecho de apartarte de ellos, es por eso que te dejo libre, he caminado contigo toda la noche en un viejo carro a través de la sierra y galerías, no estás lejos de Baños este paraje es Burguillos, hasta aquí llega una de las galerías.
No te van a creer es por eso que te dejo estos objetos, para que se convenzan que estuviste conmigo.
El fin de mis días está cerca, no me busques no me encontraréis.  Todos estos montes de Baños son todo un laberinto.
Que Dios te bendiga.

Leí aquella carta varias veces tratando de convencerme que lo que había vivido no era un sueño, tres días decía que había estado con él, pensé en los tres días que habrían pasado mi familia buscándome por la sierra, no sabía si habrían encontrado mi coche en las faldas del Navalmorquín, me puse de pie cogí aquel saco y comencé a andar, no sabía que dirección tomar estaba aturdida, de pronto oí las campanas de la iglesia debían ser las de San Mateo y eché a andar en esa dirección, enseguida reconocí la cuesta de la muela, estaba en la carretera de Bailén.
Sentía náuseas, debía ser por el brebaje que me dio o por los tres día en que apenas comí, sentí un ruido muy familiar, comencé a andar más deprisa, pero apenas avanzaba los pies se me trababan, no quería que se fueran sin mi y empecé a gritar, por fin puse los pies en la carretera con las manos hacía gesto para que se parara el coche, pero pasó de largo, me derrumbé en el suelo y perdí la noción otra vez...
Abrí los ojos, todo me daba vueltas, pero reconocí la habitación de un hospital.
El médico se acercó a mi y preguntó como me llamaba.
_Encarna. 
_ ¿Puede hablar?, si quiere lo dejamos para cuando se encuentre mejor
_Si quiero hablar ¿donde estoy?
_En el Hospital de Linares
_La encontraron en la carretera y la trajeron aquí, no portaba documentos, por lo tanto nada sabemos de usted.
_ ¿ Y un saco que llevaba? pregunté 
_ Está ahí en el armario, el chico que la encontró la trajo aquí, esas eran sus únicas pertenencias, pero no hemos podido avisar a nadie por que no sabemos quien es, ahora si se encuentra con ánimos díganos su nombre  para poder avisar a su familia.
Me entró tranquilidad, quise levantarme para comprobar que estaba todo, pero no pude estaba débil y me habían puesto suero, les dije como me llamaba, de donde era, el móvil de mi marido,
Me volvía dormir...
Cuando desperté reconocía a todos, mis hijos, mi marido, mi hermana...
Me preguntaban donde me había metido, no tenía ganas de hablar y si lo hacía 
¿ Me iban a creer ?.
Estuve dos días  en el hospital, luego me llevaron a casa.
Entonces y solo entonces comencé mi relato...
Les enseñé la carta, los objetos que me había dejado en aquel saco de esparto, eran de un gran valor para los historiadores de nuestros antepasados, la historia de los penitentes mudos, sus estatutos, cuando se fundaron, todo cuanto rodeó su historia, era como un anuario, quien ingresaba por su voluntad y a quien secuestraban para hacerlos penitentes mudos, los entregué al ayuntamiento para que parte de aquellos objetos se pusieran en nuestro museo, me quedé con el cáliz y la carta, quería conservar algo de él.

Han pasado varios días, me voy normalizando, parece que en vez de una semana que había pasado fuera de casa, de repente se hubiera convertido en años.

Desde mi ventana miro hacia el Cerro Navalmorquín, sé que él sigue ahí, no se por cuanto tiempo...