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Presentado por Poemas del Alma

sábado, 18 de abril de 2015

PEPITO. Una historia de un niño para niños

Pepito era gordito, tenia mofletes redondos, tan grandes que casi le tapaban la nariz, las orejas pequeñas y ojillos tipo perdiz, vivarachos, que se movían constantemente. Sus amigos se reían de él, por que en vez de correr veloz como ellos, daba saltitos, la ropa que su madre le ponía para nada era de niño, a pesar de tener solo diez años, usaba ropa de hombre, eso si, su madre tenía que recortarle los pantalones casi medio metro para ajustarlos a su estatura, pero tan grande como era su cuerpo mucho mas era su corazón, no podía ver sufrir un animalito, su casa estaba llena de pequeños vichejos que se encontraba camino al colegio, una cigarra que le faltaba una pata y a la que cuidaba en una cajita, un gatito ciego, que casi le atropella una bici, bueno un niño que iba en bici y con él cual se peleó, para que no lo pillara poniéndose el delante, una salamanquesa, a la que su vecino dos años mayor que el le corto el rabo para ver si era verdad que le crecía de nuevo, la alimentaba con pequeños insectos, una perrita vanduenda que no tenia dueño  y a la que el adoptó, un pajarito, que tenia un ala rota. A todos los cuidada cada día y les daba de comer, mientras su amigos jugaban el la calle, el lo hacia con sus tesorillos como los llamaba y es que eran mucho mas agradecidos que las personas en si.
Pepito, solo se enfadaba y ponía cara de muy pocos amigos cuando para mofarse le decía PEPÓN, entonces con sus saltitos corría detrás de ellos, claro que nunca llegaba a alcanzarlos.

Un día su padre tenia una carta entre sus manos, era una orden de cambio de trabajo, eso si, en la misma Empresa, pero muy lejos del pueblo y por supuesto, Pepito, preparo  a todos sus amiguitos para el viaje a una tierra que el llamo "Iras y no volverás".
Sus amigos, por así llamarlos fueron a despedirse de el, al mismo tiempo que le preguntaban que haría con sus mascotas. 
_Pues llevármelas.
Fueron casi veinte horas de viaje, Pepito cuidaba de sus tesorillos y cuando su padre daba un alto en el camino para estirar las piernas, el aprovechaba para sacar a pasear a sus mascotas. Su madre bostezaba y de vez en cuando cerraba los ojos.
Por fin llegaron a su nuevo pueblo, mejor dicho a una gran ciudad, su vivienda era un ático a el parecía vivir en el cielo y cerraba los ojos cuando asomaba su cabeza por una gran baranda que había, los coches era muy pequeños y las personas parecían hormigas.
Pepito pronto comenzó a ir a su nuevo colegio y le costaba hablar con sus compañeros, ellos no hablaban Castellano, si no Gallego, otro idioma, pero enseguida aprendió lo esencial para comunicarse con ellos, Isabel era una niña muy tímida que apenas hablaba, pero que entendía todo, era sorda-muda y al igual que él cuidaba animales desvalidos, Pepito se desvivía por ella.

Pasaron muchos años y aquel cariño de niños de convirtió en AMOR, ellos se entendían perfectamente, por señas, con solo mirarse y aquél lenguaje que ella le enseño con las manos.
Pepito era feliz a su lado a ella no le importaba su físico y a él su defecto por que para ellos no era ningún problema.
Era tanto el cariño que ambos sentían por los animales que pusieron una Granja -Escuela, donde enseñaban a los niños el amor por los animales.
Pepito sigue gordito, sin complejos.
Haciendo bien por los animales, por que como dije al principio, al igual que era grande su cuerpo, era grande su corazón y poco necesita para ser feliz, porque.
Moraleja:
No es mas feliz el que mas tiene , si no, el que menos necesita.


 

 

1 comentario:

  1. Un cuento improvisado y es que a mi nieta le gusta que le cuente cuentos.

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