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ENLAGA en Poemas del Alma

Presentado por Poemas del Alma

miércoles, 4 de marzo de 2015

EL REFUGIO 5



En la soledad de su nueva habitación, estaba sentada en la cama que compartiría con Don Rafael  ya había acabado todo, pero ella aún seguía con el vestido de novia puesto y preguntándose que debía hacer, sabía que había sido todo apariencia, lo hablado con su flamante marido era ley para ambos ¿ y si no era así? él entró con una sonrisa y los ojos brillantes, había bebido, no podía reprocharle nada, es más, debía estar infinitamente agradecida para no haber caído en habladurías, poca gente sabría la verdad, solo tres personas conocían el secreto.
¿Y Juan ? se preguntaba que estaría haciendo en el refugio, se lo imaginaba desesperado, y unas lágrimas resbalaron por su cara, se tocaba la barriga preñada, dentro de nada empezaría a notarse, seguro que  su hijo a vista de la gente seria sietemesino, incluso lo que todo el mundo sabía quedaría en aguas de borrajas, el pobre Don Rafael resultó que no era estéril como pensaban, otros lo tacharían de prepotente que había abusado de su criada ¡ ay! lo que hacía el dinero, o ¿era ella la que le había tendido sus redes para apoderarse de su fortuna?
_ Qué guapa estás Ana.
Le dijo acercándose a ella, Ana dio un respingo, tan centrada estaba en sus pensamientos que ni notó que se acercaba.
Se levantó de un salto y dijo.
_Don Rafael, estoy cansada, si no le importa voy a cambiarme y a dormir.
Se fue hacia el galán de noche, allí estaba su camisón  novial planchado y esperando ser puesto, que distinto era aquella rara noche de bodas a con ella había imaginado, aquella noche era un sueño ya irrealizable, ni él novio con el que soñaba, ni las circunstancias, ni nada de lo que un día ideó con Juan se había cumplido.
Ana fue hacia el baño, se quito su vestido de novia, se lavó la cara de aquella pintura artificial para dar color a sus mejillas blanquecinas por el embarazo, se puso el camisón  y se miró al espejo, estaba pálida y una vez más evocó a Juan.
Cuando salió, Don Rafael estaba dormido sobre la cama vestido, el efecto del vino, el día ajetreado y los previos a la boda habían hecho mella en él, no era un jovenzuelo, pronto cumpliría sesenta años, se notaba los treinta y siete años de diferencia, su reciente mujer muy bien podría ser su hija.
Ana abrió la cama y se acostó en el filo, estaba agotada, cerró los ojos y abrazada a la almohada se durmió.
Cuando despertó, estaba sola, su marido había salido, se incorporó en la cama y recordó su boda, abrazos, enhorabuenas, la tarta...
Alguien llamó a la puerta.
_¿ Puedo pasar?, era él, le traía en una bandeja el desayuno, chocolate con bizcochos,  el típico desayuno de unos recién casados y un ramo de rosas cortadas del patio que él cuidaba con esmero.
_¿ Como has dormido Ana?
_Bien Don Rafael.
_Por favor, olvídate de llamarme así, ahora somos marido y mujer.
_¿Y mi hijo, esta tranquilito?
Ella se ruborizo y a la vez sintió un escalofrío.
_Te he molestado? he visto tu gesto.
_No Don... perdón quise decir, no Rafael.
_De sobra sabe que le estoy muy agradecida, le compensaré con mucho cariño, es lo único que le puedo dar.
_Lo sé y lo acepté, venga desayuna y ponte guapa, nos vamos de viaje.
_¿ De viaje? ¿Dónde? no me había dicho nada.
_Es normal que unos recién casados tengan su luna de miel.
_Pero no me encuentro bien, los preparativos, mi estado, no sería bueno para el niño.
_No te preocupes, será un viaje de no más de cinco días y cerca.¡Ah! y tutéame por favor.
_Quiero ir a  mi casa , al menos a despedirme de mi  madre y hermanas.
_No te preocupes, les he mandado razón que nos vamos dentro de dos horas  para que vengan.
No, no podía ser, irse así, sin decirle nada a Juan, su matrimonio, era de conveniencia, pura apariencias ¿que diría él?.
Se vistió rápido, tenía que ir a su casa, contarle a Juan, decirle que en cinco días no lo vería, que ella no quería ir, pero que no podía negarse, la puerta sonó, eran sus hermanas que iban al trabajo y pasaron a saludarla al ver la puerta abierta.