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ENLAGA en Poemas del Alma

Presentado por Poemas del Alma

miércoles, 15 de junio de 2016

GACELA 1


Gacela soñaba con un apuesto joven que la rescataría de aquella torre que era su casa, vendría a lomos de un caballo blanco, al verla asomada entre los torreones, tiraría de las riendas para contemplarla, solo haría falta un minuto para que sus miradas se cruzaran y sintieran que serían el uno para el otro.

A Gacela la tenía encerrada su padre en una torre para que nunca se alejara de su lado, no consentiría que nadie se la arrebatase y la única manera de que ella no le dejara era tenerla encerrada en aquel castillo de su propiedad.
Alhakan era un rey moro que dominaba parte de aquella sierra, divisaba todo aquel valle desde los torreones de su castillo, era temido por sus enemigos, en aquella impenetrable fortaleza se creía el Rey del mundo, es por ello que su más preciado tesoro lo quisiera proteger  a costa de todo.
La historia de Gacela se remontaba veinte años atrás,cuando ella nació, él se enamoró perdidamente de Manuela una cristiana que vivía cerca del pueblo, en el poblado de las Migaldías, sus padres eran pastores , cuidaban de sus cabras y vivía en el fortín de dicho nombre, la casa hasta medias paredes era de pizarra y adobe, el techo estaba hecho de ramas de lentisco.
Ella bajaba a lavar al río cercano a su casa la ropa, un día paseando él con su caballo quedó prendado de su belleza, no tendría más de quince años  ella, sin embargo a pesar de su cara de niña, tenía un cuerpo de mujer que aparentaba veinte, sus paseos por aquellos lugares se fueron haciendo frecuentes, no lejos de él iba su guardia siempre pendiente de su custodia, Alhakan tenía  veinticinco  años, su padre acababa de morir dejando a él heredero de aquel Castillo .

El Castillo de Burgalimar, estaba enclavado casi en Sierra Morena en un lugar estratégico, había agua por cada rincón de aquellos montes, era un lugar privilegiado, los Cristianos que habitaban aquellas tierras se habían habituado a convivir con los moros y compartían caza y pesca de aquellos contornos.
Alhakan gustaba de cazar, era muy bueno con el arco, escogía a sus presas y pocas veces fallaba, luego sus fieles guardas los llevaban al Castillo para que las moras encargadas de la cocina hicieran un buen festín con aquellas carnes tiernas de gabatas, corzos, gamos  y jabalíes.
Siempre escogía el paraje de Las Migaldías y sus guardas entendían el porqué.
_No te asuste, no voy hacerte nada.
Manuela recogía la ropa apresuradamente en la canasta de mimbre.
Era cierto que había una tregua entre moros y cristianos, pero no dejaban de ser enemigos.
_Espera no te vallas.
_Lo siento pero no puedo hablar con desconocidos
Decía ella toda nerviosa, aunque bien sabía por su ropaje y escolta que era el rey del castillo cercano que se divisaba a lo lejos, cuando subía a cerro Mollano algunas veces, acompañando a sus hermanos con el rebaño.
Lo había visto merodear por aquellos lugares desde hacía más de tres meses, siempre recogía todo y subía al fortín donde convivía con varias familias, en total habría unas 65 personas entre hombres, mujeres y niños.
Vivían de la caza, pesca, ganado que criaban de cabras y de huertos que sembraban  cerca de  la junta de los ríos Grande y Pinto, que daría nombre al  río, Herumblar.
Había tres poblados más que compartían aquellos ríos, el de la Verónica con casi cien personas, el de Navalmorquín que era el más grande con mas de trescientos habitantes y el de Peñalosa que cobijaba casi doscientas.


Poco a Poco fueron haciendo amistad, siempre a escondidas si su padre, hermanos o alguien del poblado la veía hablar con aquel Rey del Castillo, la encerrarían en el aljibe que había dentro del Torreón.
_¿Como te llamas?
_ Manuela
_Bonito nombre, me recuerdas  a las gacelas, asustadiza,  eres casi como ellas, en mi tierra hay muchas en las estepas, recuerdo que de pequeño me gustaba ir a verlas, son esbeltas, ágiles, casi como tú, solo que ellas tienen los ojos negros y los tuyos son verdes azulados como las aguas de éste río.
Manuela se sonrojaba al oírle decir esas cosas.
Era verdad que se sentía atraía por él, que cada día bajaba al río solo por ver si se encontraba con él, todos le conocían, le respetaban y a la vez temían, luego se decía así misma  que era poquita cosas para él, una simple campesina y además cristiana.
Pero estaba equivocada, lo mismo que ella sentía, sentía Alhakan, donde cada noche soñaba con ella en su habitación de la Torre grande, el castillo estaba habitado por  más 1500 moros con sus familias, dentro del castillo había  casas, y al estar en tiempos de paz  se dedicaban a toda clase de oficios, había telares, herreros, carpinteros, pastores que salía por los aledaños con el ganado, tenían panales de abejas con los que sacaban rica miel ya que en los montes que rodeaban el castillo, se criaba mucho romero, jaras, madroños.
Los caballos pastaban cerca del río, allí había una fuente romana La Cayetana que  manaba agua cristalina aprovechaban el agua que salía para unos enormes huertos,donde criaban toda clase de frutas y hortalizas, incluso habían sembrado almendros y  olivos traídos de sus lejanas tierras y veían como se habían adaptado al clima y comenzaban a echar, almendras y aceitunas, para obtener su propio aceite,el entorno era un paraíso.

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