POEMAS , RELATOS Y RECETAS.

jueves, 28 de noviembre de 2013

SALAS GALIARDAS

Es normal oír este nombre en mi pueblo, Baños de la Encina (Jaén) en mi casa se nombraba mucho, mi abuela junto con sus hermanos era asidua en sus aledaños, ya que su padre carbonero de profesión se  llevó sus cinco hijos a la sierra al quedar viudo.




Siempre me picaba la curiosidad de conocer este lugar, un día cogí el coche y decidí ir a conocerlas.
Me adentré en el campo, abajo había dejado el coche, era imposible continuar por lo abrupto del terreno, las vistas eran impresionantes, sierra morena a los pies y un montículo, lo que eran las Salas Galiardas, con mi pensamiento volví a tiempos pasados, veía a unos chiquillos jugando por los alrededores y salía humo de un horno donde se estaba gestando el carbón, que luego en serones una vez amontonado y dejado enfriar se llevaría a Baños para su venta, esa era la subsistencia de mi familia materna junto con el picón, cuando bajaban a Baños esos mismo serones venían cargados a la vuelta de chiquillos  muy contentos por su bajada al pueblo y una poca de comida para poder por unos días mal comer por aquella sierra junto al cerro del Navalmorquín, eso sí, el abuelo Juan José eran un buen cazador con los lazos y cepos, incluso poseía una escopeta con la mataba algún que otro gabato o jabalí  y hacía un pan exquisito en aquellos hornos que habían por la sierra, para tal menester hechos por carboneros y pastores hacía ciento de años y  así tener pan  tierno, sin tener que bajar al pueblo





Empecé a acariciar aquella piedras amontonadas, tantas veces habría acariciado mi abuela aquellas piedras, jugando a ser madre con solo trece años cuidando de  sus hermanos, Juan, Baltasar, Patrocinio y el más pequeño que tenía ocho meses, Manuel, vivían en un chozo construido por mi bisabuelo, por cama tenían catres con colchones de farfolla (hojas y pelusa de mazorcas de maíz) dormían todos juntos para darse calor uno a los otros en los largos inviernos en la sierra Bañusca, en verano era distinto disfrutaban de la naturaleza, dormían al aire libre, se bañaban en las charcas que formaban los riachuelos en los inviernos de abundantes lluvias antes de hacer el pantano del Rumblar y por techo tenían el firmamento lleno de estrellas y luceros, que mejor techo para soñar,

 Su padre cortaba y amontonaba leña de chaparro en los calurosos meses de  verano, para al llegar el otoño empezar con su oficio, la de carbonero.

Me dejé caer sobre la tierra, estaba cansada de la caminata y empecé a soñar como sería aquella vida a principios de 1900.


Me desperté con un ruido, era al mano firme que empuñaba un hacha dando golpes sobre troncos de encina, busqué de donde provenía y vi a un hombre de mediana edad con ropa estrafalaria para esta nuestra época.

Dije:

_Buenas tardes.
_El hombre se asusto al oírme hablar, al volverse vi tenia los ojos más bonitos que he visto en mi vida, azul turquesa y un  pañuelo que le tapaba la boca. 
_Buenas.
  Su hablar sonaba raro, me imaginé que por tener tapada ésta.
_ Me he asustado, no estoy acostumbrado a ver gente por estos lugares de la sierra.
_¿Eres de Baños?


_Si,
 dije

_Tenia curiosidad de conocer la Salas Galiardas, aquí vivieron mis antepasados hace muchos años, mi abuela me contaba que dentro de ellas jugaban ella y sus hermanos, sobretodo en los días de lluvia y frío o en verano para guarecerse de las altas temperaturas de Sierra Morena en las salas había tumbas, figuras de piedra, pintadas en las paredes...

 _Eso no podrá verlo, la entrada se hundió hace bastante tiempo debido a un derrumbe por las lluvias y el paso del tiempo.
Noté que se puso tenso y siguió hablando pausadamente.
_Es mejor dejar las cosas como están y no remover el pasado.
_Yo solo quería revivir todo lo que mi abuela me contaba de niña, no pretendo remover nada(dije malhumorada).
_Lo siento no pretendía ofenderle ¿como se llama?
_Encarna (contesté de mala gana)
_¿Y usted? 
_Gabriel.
_Vivo aquí desde hace muchos años, antes con mis padres, ahora solo.
_Pues nunca lo he visto por el pueblo, aunque yo hace muchos años que falto de él y apenas conozco a al gente, bueno a gente de mi edad sí y a personas mayores, pero las nuevas generaciones no, a veces los saco por sus rasgos, se parecen mucho algunos a sus padres o abuelos.
Se acercó un poco más a mí.
_Yo no bajo casi nunca al pueblo (contestó) me alimento de lo que cazo y siembro.
_¿Y pan o leche?
Me quedé pensativa, ahora comprendía su indumentaria tan poco acorde a nuestra época, miré su cara y un escalofrío me recorrió el cuerpo, fui a incorporarme del suelo, no me dio tiempo a reaccionar, sentí un fuerte golpe en mi cabeza.
Cuando desperté estaba en lugar semi oscuro, me dolía la cabeza, empecé a recordar y sentí miedo, entonces sentí su voz.
_Lo siento, pero hasta ahora nadie me había visto, solo usted.
_No puedo permitir que se valla ¿comprende?.
_Déjeme ir no diré nada, yo no lo he visto.
_¿Dejarla ir ?NOOO
Noté que mis piernas no me respondían al intentar levantarme, las miré y vi que tenía atados los tobillos con unas cuerdas de esparto al igual que mis manos.
_¿Por que me ha hecho ésto?.
_Usted ha venido a indagar cosas que no debe, estamos en las Salas Galiardas ¿No quería conocerlas? la entrada principal quedó sepultada, pero hay una oculta por donde entro, esta es mi casa.
 y la de mis antepasados, créeme que soy el único que queda.
_ ¿ Has oído hablar de los penitentes mudos ? pues yo soy uno de ellos.
Al decir esto se quitó la especie de venda que le tapaba la boca, me quedé horrorizada, la tenia casi toda cosida, apenas tenia un pequeño orificio, para poder comer.
_Las salas Galiardas era nuestro monasterio, de aquí salían una vez al año los monjes en busca de gente nueva para convertirlos a nuestra religión, Si eres de Baños habrás oído hablar de desapariciones extrañas de jóvenes varones, pero casi siempre eran forasteros, teníamos vigilado el pueblo, nunca nadie nos vio, había una galería subterránea que llegaba hasta la cuesta la muela, incluso otra más antigua que llegaba al castillo de Baños, ésta quedó sepultada al hacer el pantano.
Nuestra comunidad se fue mermando hasta su extinción, solo quedo yo.
Diciendo esto se acercó a mi con una vasija pequeña, dijo.
_Toma bebe agua.
_No gracias respondí. Me dio miedo beber por si contenía algún brebaje.
_Ya me pedirás. Dijo dejando la vasija a un lado y sentándose junto a mí.Continuó hablando.
_No te voy hacer nada, pero como comprenderás no puedo dejarte ir, pesándolo bien, me va haciendo falta una compañera, nosotros no podemos tener esposas, pero a estas altura ¿ A quien le importa nuestras leyes, ni nuestras costumbres?Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, estaba sola e indefensa con él, nadie sabía donde me encontraba, de pronto empecé a llorar convulsivamente, a gritos, pidiendo auxilio, ignorante de mí quien me iba a escuchar...